sábado, 10 de diciembre de 2011

Ignorancia


Qué tirana es la ignorancia. Qué necesaria es la educación, el conocimiento, para alcanzar la libertad. Atado y bien atado lo dejan quienes sumen a su pueblo en la incultura.
No es el analfabetismo lo peor. Peor es, creer que se sabe cuando se es manipulado. Peor es la desidia, el abandono, la abulia. Peor es no tener sentido crítico. Peor es no luchar por mejorar.
El analfabetismo actual puede asociarse a un dejarse ir, a un fatalismo vital que niega cualquier curso de acción alternativo ante el mal que se intuye. Lo volitivo sucumbe ante un instinto que niega el esfuerzo, que esclaviza, que derrota y encadena al sacrificio, a la disensión. Y aún más triste es el quejido lastimero de quien así se comporta cuando su sino se cumple.

 ¿Por que retar al destino si no estás dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias? ¿Cómo piensas cambiar el futuro si no asumes que debes sacrificar tu tiempo, tus recursos, tu propia vida para conseguirlo? ¿Por que renunciar al hedonismo? Atado y bien atado quedó. ¿Cuántas trabajadores están afiliadas a un sindicato? ¿Cuántas votantes militan en un partido político? ¿Cuántos vecinos, padres, madres, alumnos están integrados en una asociación? ¿Cuándo fue la última vez que dieron algo por aquello en lo que creían? Y ahora quién responde: ¿con qué fuerza criticas a los sindicatos, a los partidos políticos, a los movimientos asociativos? ¿cómo te atreves a quejarte de los resultados de su acción desde tu inacción?
Qué sencillo es repartir vendas entre los heridos y animarles a despotricar contra todo aquello que les hace infelices.
Si alguien observa en la distancia lo que está ocurriendo tendría que convenir que el autor de este montaje teatral ha acertado con la escenografía, con los diálogos y con la caracterización de los personajes. Es una adaptación de la tradicional historia de las miserias humanas ambientada en el siglo XXI.
Estoy dolido. Me duele mi educación. Me duele haber sido educado en el esfuerzo, en el trabajo, en soñar una recompensa futura, no inmediata. Valoro la empatía, la modestia, la solidaridad, la cooperación y el compromiso y no puedo ni quiero asumir el rol que se me asigna en esta función. Me duele mi propia ignorancia.
Grave dolencia es la ignorancia. Solo se cura con educación. Lo difícil es encontrar quien prescriba el medicamento y lo administre convenientemente. Se corre el riesgo de que el paciente, inconsciente, muera sin saber cual era su enfermedad.

Jose Luis Luquero Velazquez
Profesor Enseñanza Secundaria de la Comunidad de Madrid

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